jueves, 25 de febrero de 2010

Chicos Asperger: cómo son y qué pueden hacer sus padres

Mariana Rivera

mrivera@ellitoral.com

Mucho se ha escuchado hablar últimamente de niños que padecen ciertos trastornos que modifican su comportamiento y, por este motivo, tienen problemas sociales y escolares que los padres y docentes no saben cómo manejar.

Entre estos trastornos generalizados del desarrollo (TGD), como se los denomina, se cuenta el Trastorno Asperger, que -según definió la Lic. Isabel Rejtman, presidenta de la Comunidad Asperger, quien es psicóloga pero también mamá de un joven de 30 años con esta patología- “es un perfil de personalidad, una manera de ser, una forma que tiene un cerebro de funcionar donde hay algunas áreas que están potenciadas y hay otras que van a un ritmo más lento”.

También aclaró que no hay consenso entre los psiquiatras para definir a este trastorno, que varía entre cada paciente, pero como parámetro se utilizan las últimas categorizaciones diagnósticas del Manual de Psiquiatría vigente, que es el DSM IV. Consultada en relación a cómo pueden notar los padres que un chico tiene este tipo de trastorno, la especialista explicó que “lo más notorio es que no juega con los otros chicos, pero no porque tenga ganas de aislarse sino porque no comparte los intereses de los otros chicos. En algunos casos, tardan en aprender a hablar y esto les dificulta la comunicación con los pares y es común que se pongan a contar hormigas o a leer cuentitos cuando los otros chicos pueden jugar al fútbol o responden a una consigna de la maestra”.

Por lo general -continuó-, a los 3 años un papá se da cuenta que hay dificultades de integración en el jardín porque en la casa, si es hijo único o tiene un hermano más chico, no es tan notorio, ya que se entretiene y se interesa por cosas. Además, son muy estimulados hoy en día con los juegos didácticos pero cuando aparece un tercero (primo, amiguito o en el jardín) es cuando se empiezan a ver las dificultades.

También explicó que “estos chicos no responden a las consignas y son bastante transgresores. Es como que les falta maduración para la inclusión social; por eso Asperger decía que a veces -en algunos casos- no pueden continuar con la escolaridad y deben acudir a una maestra personalizada o particular, hasta tanto pueda socializar”.

Una teoría moderna

Bill Gates y Albert Einstein son dos personalidades afectadas por este trastorno “pero esto no significa que las personas Asperger sean superdotadas”, según aclaró la Lic. Rejtman, y agregó que “algunos son excéntricos y se salen de la norma; son una variedad del Asperger, pero hay otros chicos que tienen una inteligencia normal pero que tienen estas dificultades sociales”.

Asimismo, la profesional planteó que otro rasgo característico de los chicos Asperger es que “en las primeras etapas del desarrollo tienen una inteligencia especial, porque aprenden a leer a temprana edad o tienen intereses especiales (empiezan a acumular datos científicos) pero socialmente tienen dificultades. Entonces uno se pregunta por qué puede ser tan inteligente para algunas cosas y puede tener tantas dificultades para otras áreas. Lo que lo explica es la teoría de las inteligencias múltiples, que se utiliza bastante en los últimos años y afirma que el ser humano no tiene un solo tipo de inteligencia y que cuando alguna de ellas está exacerbada hay otras que están más descompensadas”.

Sin embargo, aclaró que “con el correr del tiempo se van limando estas diferencias y cuando llegan a adultos, diría Hans Asperger, “las cosas marchan sobre ruedas”.

Los más difíciles son los primeros años porque las dificultades sociales se basan en que tienen problemas para entender los códigos de comunicación o qué se espera de ellos. Todo lo que hace a la social cognición, los chicos normales lo entienden normalmente pero a los chicos que tienen el perfil Asperger hay que explicarles y tienen que ir adquiriendo esta habilidad social”.

Testimonio de vida

“Lo que sirvió y lo que sirve” es el título del libro que la Lic. Rejtman escribió sobre su experiencia como mamá de un joven con Asperger. “Es mi testimonio de lo que sirvió a lo largo de estos 30 años con mi hijo (analista de sistemas y en pareja) para que él hoy fuera un adulto fuerte. Son cosas sencillas pero a veces la tecnificación del abordaje terapéutico lo soslaya. Se hace tan técnico lo que el chico tiene que aprender que, quizás, cosas básicas como la preservación de la autoestima y aceptarlos tal como son y a partir de allí ir cambiando, que se le pasa por alto a los papás”, reconoció. Y agregó: “Cuando un chico confía en sí mismo y se siente intensamente aceptado y querido saca las fuerzas para ir superándose día a día”.

Y aclaró que “cuando Matías era chico esta categorización de Asperger no existía y la única teoría era la psicoanalítica cuando un padre iba a consultar: había que amoldar el problema del chico a la estructura teórica psicoanalítica. Pero como tampoco esto servía estuvimos atento a cuáles eran sus fortalezas para preservarlas y cuáles eran sus debilidades y ayudarlo. En el colegio les decíamos cuáles eran las áreas que le costaban, al igual que en el club social y deportivo y en el barrio, es decir que se implementaron estrategias de utilidad aun sin tener el diagnóstico”.

Por último, advirtió que las asociaciones de padres que se han ido creando “sirven para que ellos se informen y puedan elegir lo que consideren mejor para sus hijos y comparten experiencias. Permiten reivindicar los derechos de los padres y de los chicos para que puedan monitorear en el área de la Medicina y de las escuelas qué abordajes se implementan con los chicos”.

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